Por Redacción
Ciudad De México, 20 de marzo de 2026.- Investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Iztacala de la UNAM han establecido una vinculación entre el consumo de edulcorantes artificiales y un incremento en el riesgo de desarrollar cáncer de colon, en un contexto donde México ocupa el primer lugar mundial en consumo de refrescos y bebidas azucaradas.
Sonia León Cabrera, investigadora de la FES Iztacala, señaló que se ha observado un aumento en la incidencia de este tipo de cáncer específicamente en hombres de entre 30 y 59 años de edad. Este hallazgo cobra relevancia ante la alta prevalencia del consumo de bebidas que contienen sustitutos de azúcar como la sucralosa, el aspartame y la sacarina en la población mexicana.
El Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga” figura como una institución de referencia en el estudio de estas patologías digestivas. Aunque la investigación apunta a una asociación entre los aditivos no calóricos y la enfermedad, los datos disponibles en el reporte no especifican si se ha establecido una relación causal definitiva ni detallan la metodología exacta o el tamaño de la muestra de los estudios citados sobre los edulcorantes.
Ante los riesgos asociados a ciertas bebidas, especialistas en nutrición citados en medios locales han emitido recomendaciones alternativas para la salud cardiovascular. Se promueve el consumo de bebidas ricas en potasio, como el agua de coco, el jugo de naranja y el jugo de tomate, como medidas coadyuvantes para prevenir o controlar la hipertensión arterial.
La dualidad en las recomendaciones de salud pública resalta la necesidad de diferenciar entre productos procesados con químicos sintéticos y opciones naturales que aportan beneficios metabólicos. Sin embargo, la información actual no detalla las cantidades específicas de potasio necesarias ni las dosis exactas de dichas bebidas para obtener los efectos antihipertensivos descritos.
La situación subraya la importancia de revisar los hábitos de consumo en un país que lidera la ingesta de refrescos, mientras la comunidad científica continúa analizando el impacto a largo plazo de los ingredientes presentes en las versiones “light” o “zero” de estas bebidas.