Ciudad De México, 28 de mayo de 2026.- Petróleos Mexicanos (Pemex) admitió este jueves que el derrame de hidrocarburos en el Golfo de México se originó el 8 de febrero en una de sus instalaciones, reconocimiento que ocurre a 46 días de que saltaran las primeras alertas por la llegada de petróleo a las costas. Esta admisión contradice las posturas iniciales de la empresa y de funcionarios gubernamentales que habían deslindado responsabilidades.

Medios de comunicación habían revelado previamente, con ayuda de la organización CartoCrítica, que la paraestatal contrató al buque Árbol Grande para reparar una fuga en un ducto submarino en Campeche. Imágenes satelitales mostraron que la embarcación permaneció sobre el ducto 200 horas con una mancha de hidrocarburo a su alrededor. Los primeros residuos de petróleo comenzaron a llegar a las playas de Veracruz y Tabasco el 1 de marzo.

Anteriormente, Pemex se había deslindado de las manchas de crudo mediante una tarjeta informativa el 2 de marzo. El 12 de marzo, la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle, responsabilizó a “un barco privado de una petrolera privada que no le trabaja a Petróleos Mexicanos”. No fue sino hasta el 13 de marzo que la presidenta Claudia Sheinbaum realizó su primer pronunciamiento, señalando: “Están trabajando, Pemex y la Secretaría del Medio Ambiente con el Gobierno de Veracruz, pero les vamos a pedir que den más información”.

En un episodio separado pero relacionado con la contaminación por hidrocarburos, se reportaron peces muertos en el río Cazones, lo que activó inspecciones de Protección Civil. Pescadores alertaron sobre riesgos sanitarios ante la presencia de presunto hidrocarburo en botellas plásticas. Aunque Pemex negó la presencia de combustible en esa zona específica afirmando que “no se ha detectado fuga o derrame alguno”, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) tomó muestras para investigar el origen del contaminante y advirtió a la población evitar el consumo de peces del río. No se ha determinado si este contaminante pertenece al derrame del Golfo, apuntando las investigaciones iniciales a un escurrimiento desde Poza Rica y Coatzintla arrastrado por lluvias.

Por otra parte, informes recientes detallan que la grave sequía que golpeó la Amazonía brasileña entre 2023 y 2024 causó impactos desproporcionados sobre comunidades ya vulnerables. Los habitantes enfrentaron pérdidas de renta, de trabajo e inseguridad alimentaria debido a la reducción del caudal de los ríos y al aumento de incendios, lo que disminuyó la pesca y la cosecha.

El episodio climático, asociado al fenómeno de El Niño, generó problemas de salud como el agravamiento de enfermedades estomacales y respiratorias. Además, se documentó que las mujeres tuvieron que lidiar con una intensificación del riesgo de violencia de género, derivado de la ampliación de la convivencia con los agresores y al debilitamiento de las redes de apoyo durante la crisis hídrica.

Por Editor

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