Por Redacción
Ciudad de Mexico, 17 de marzo de 2026.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, criticó duramente a la OTAN y a sus aliados europeos y asiáticos por lo que calificó como una falta de apoyo militar para desbloquear el Estrecho de Ormuz, controlado por Irán, una crisis que según el Programa Mundial de Alimentos (PMA) podría empujar a 45 millones de personas más al hambre si se extiende hasta junio. Desde la Casa Blanca y a través de su cuenta en Truth Social, Trump afirmó que está presionando a las naciones aliadas para formar una coalición militar, aunque simultáneamente declaró que “no los necesita” y que la presión es una “prueba de lealtad”.
La crisis se desató tras el bloqueo del estrecho por parte de Irán, una represalia por ataques previos de Estados Unidos e Israel. Este paso marítimo es vital para el comercio global, ya que por él transita aproximadamente el 20% del petróleo y el 25% del gas natural licuado del mundo. La Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, rechazó públicamente la propuesta militar estadounidense, subrayando que la UE buscará una solución diplomática y advirtiendo que Rusia se beneficia de la inestabilidad.
Trump aseguró en sus declaraciones que algunos aliados se han mostrado entusiastas y se han comprometido a ayudar, aunque se negó a nombrarlos. Esta afirmación contrasta con reportes que indican el rechazo formal tanto de la UE como de la OTAN a una intervención militar. Un vocero anónimo de la alianza atlántica habría confirmado la negativa, mientras que el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE enfatizó la vía diplomática.
Las consecuencias humanitarias de la crisis se agravan rápidamente. Carl Skau, subdirector ejecutivo del PMA, alertó sobre el encarecimiento en un 18% de las operaciones de ayuda, dificultando el envío de alimentos y medicinas a regiones críticas. Además, la Unión Europea informó que unos 30,000 ciudadanos europeos han sido evacuados de la región desde los ataques del 28 de febrero, lo que refleja la escalada de la tensión.
El contexto político muestra una fractura en el frente occidental. Mientras Trump insiste en una prueba de lealtad militar, los aliados tradicionales de Washington priorizan una salida negociada, señalando el riesgo de una escalada mayor y los beneficios que la crisis reporta a actores como Rusia. La situación deja en evidencia las profundas diferencias en la gestión de crisis internacionales y coloca a la economía global ante la amenaza de una disrupción energética prolongada, con efectos inflacionarios y en las cadenas de suministro.